¿Izquierda-Derecha? ¿Catalunya-España? ¡Via Veneto!

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, afirma que entre derecha e izquierda, elige la izquierda, y que entre izquierda y el país, elige el país. A partir de aquí se pueden hacer mil y una disquisiciones y abrir un amplio debate sobre la lógica y el sentido de esta doble elección.

Algunos de los que defienden que la CUP debe facilitar la investidura de Artur Mas como presidente de la Generalitat argumentan que no importa que haya practicado y practique una política antisocial en sus cinco años de gobierno sino que ahora toca preocuparse sólo de mantenerlo en el cargo porque es una pieza imprescindible para alcanzar la independencia anhelada.

«No son tiempos para debatir si somos de izquierdas o de derechas. Lo que importa es separarse de España. Una vez separados, ya volveremos a hablar de urgencias colapsadas en los hospitales o de cientos de miles de becas de comedor que no llegan a los niños que pasan hambre en Catalunya», sostienen.

El tiempo, sin embargo, va pasando. Tres años largos han pasado ya desde la manifestación del Once de Septiembre de 2012, cuando Mas vio la luz de la independencia y se apuntó a esta marcha. Tres años en los que ni a él ni a los suyos les ha faltado un plato en la mesa y una subvención en su bolsillo.

Tres años que han facilitado la consolidación electoral del bando que ante la disyuntiva derecha-izquierda contesta: ¡España!. Los sondeos previos a las elecciones del próximo 20 de diciembre no descartan que la formación más votada sea Ciudadanos. Podría pasar lo mismo en las elecciones autonómicas que habría que celebrar si, finalmente, la CUP insiste en no investir a Mas y Junts pel Sí en no presentar otro candidato de más fácil digestión para Antonio Baños y los suyos.

A los de la CUP no se lo ponen fácil. ¿Cómo justifican ante su parroquia que entregan la presidencia a un hombre, a cuyo portavoz gubernamental hasta hace cuatro días, Francesc Homs, le pillan comiendo a cuerpo de rey en Via Veneto, donde el menú cuesta 150 euros?

Si se quitan la corbata pero continúan exhibiéndose como privilegiados sociales, rodeados de corruptos sin síntomas de arrepentimiento, no pueden aspirar a que la gente de bien les vote o les siga cuando ante la disyuntiva Catalunya-España o izquierda-derecha, elijan darse un festín en un restaurante para ricos.

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