Un nuevo 12 de abril

Las elecciones municipales de este 24-M tienen una dimensión histórica, como lo fueron las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, que precipitaron la proclamación de la II República. Este domingo estamos convocados a las urnas y tenemos que aprovechar esta cita para enterrar, de una vez y por siempre jamás, el régimen surgido de la Transición postfranquista, que ha acabado enfangado en la corrupción y en el descrédito absoluto de la clase política.

La crisis económica desatada el 2007 ha provocado un inmenso sufrimiento en la sociedad catalana y española. En esta difícil tesitura hemos constatado, con gran decepción, que el sistema institucional de partidos se ha puesto del bando de los poderosos y ha dejado a la gente sencilla en la estacada. Lo vemos en la calle y lo certifican los fríos datos estadísticos: hoy tenemos una sociedad profundamente injusta y desigualitaria, con una minoría que acapara los capitales y una mayoría de la población que ha visto drásticamente menguada su calidad de vida y su poder adquisitivo.

Del régimen constitucional borbónico -que tanta frustración colectiva nos ha dejado- nos queda la democracia formal y el derecho a voto. Este próximo domingo tenemos la oportunidad y la obligación de ejercerlo en clave rupturista.

Romper con el pasado no quiere decir romperlo todo. Quiere decir erradicar las malas prácticas de la administración, exigir un ejercicio honesto y transparente de la política, poner las instituciones al servicio de los problemas prioritarios de las personas y acabar con las «caras» que, desde hace años, han patrimonializado la democracia y se creen con el derecho inherente a perpetuarse en el cargo.

Como pasó en las elecciones del 12 de abril de 1931, este cambio de paradigma se tiene que visualizar, en especial, en las grandes ciudades. Y esto comporta, entre otros factores, barrer a Xavier Trias, a Esperanza Aguirre y a Rita Barberà -tres exponentes emblemáticos de la «vieja política»- de los ayuntamientos de Barcelona, Madrid y Valencia.

En el caso de Barcelona, hay que ser inteligentes y pragmáticos: la opción rupturista con posibilidades objetivas de victoria es la candidatura que encabeza la activista social Ada Colau y es a ella en quien tenemos que focalizar los votos que tienen que hacer posible el cambio. Yo lo digo claro y alto: este domingo votaré por Ada Colau y hago proselitismo entre mis amigos barceloneses para que hagan lo mismo.

La realidad es compleja y todos conocemos el cuento de la lechera. Pero creo que hay un futuro mejor para todo el mundo y que la victoria de Ada Colau puede tener un efecto revulsivo en otros ámbitos de la vida política, más allá de Barcelona. La reforma de la Constitución, el ensamblaje Catalunya/España… son asignaturas pendientes que este 24-M puede ayudar a allanar.

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