Vergüenza de ser europeo

Cuando España entró en la Unión Europea mucha gente como yo tuvo la sensación de que habíamos pasado a formar parte de una comunidad avanzada, respetuosa con los derechos sociales y humanos, y que dejábamos atrás para siempre la etapa de la dictadura. Algunas voces nos advertían de los riesgos que la cesión de soberanía podía significar. Sobre todo nos lo avisaron cuando nos apuntamos al euro sin pactar políticas fiscales y monetarias comunes.

Desde el estallido de la crisis económica hemos descubierto la insolidaridad de una parte de Europa hacia el resto. Los países acreedores (ellos o sus bancos) han sido implacables con los países deudores y la palabra solidaridad ha quedado encerrada en el desván durante años. Nos ha dolido, nos duele y esperamos que antes o más tarde construyamos una Europa de todos y todas y no la de unos contra otros.

Pero esta insolidaridad ha alcanzado un grado intolerable en el trato con las personas que quieren venir a vivir a la Unión Europea y es especialmente dolorosa con las que intentan hacerlo atravesando el Mediterráneo camino de Italia. Este mar se ha tragado la vida de más de 1.600 personas embarcadas desde Libia o Túnez en lo que llevamos de año, 700 de ellas, de una sola tacada, la madrugada del pasado domingo.

Italia puso en marcha el programa Mare Nostrum de rescate de inmigrantes, después de que murieran cerca de 500 en el naufragio de una barcaza, en octubre de 2013. Italia se gastaba 9,3 millones de euros en este dispositivo. Pidió ayuda a la Unión Europea y en noviembre del año pasado, el programa Mare Nostrum fue sustituido por la Operación Tritón, con un presupuesto de sólo 2,9 millones de euros. Lógicamente, los medios dedicados a salvar las vidas de los inmigrantes que se la juegan atravesando el mar son mucho menores. Hay menos barcos y se acercan menos en la costa africana.

Y siempre la misma música. No hay dinero. No hay dinero para ayudar a Grecia para que todos accedan a la sanidad gratuita, no hay dinero para evitar los recortes sociales en España, Portugal o Irlanda, no hay dinero para evitar que cientos de niños, mujeres y hombres se ahoguen camino de Europa.

Hay dinero. Lo que no hay es vergüenza. La que tenemos, ahora, muchos por ser europeos.

Si algún día Catalunya es independiente y la quieren en Europa, que no sea la misma que sólo piensa en cuadrar los presupuestos y sacarse de encima a los inmigrantes que no vienen con los bolsillos llenos de dinero. Quiero creer que esta Europa insolidaria la rechazan los independentistas, los federalistas, los unionistas, y todos los que creen que los derechos humanos están por encima y por delante de las consideraciones económicas egoístas de países que se consideran ricos y son los más pobres de todos. Miserables.

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