La «oscura transparencia»

El «núcleo duro» de Convergència Democràtica (CDC) ha hecho un diagnóstico correcto de la situación. Uno de los grandes problemas que afectan al partido es el oscurantismo que siempre ha caracterizado sus finanzas, con episodios gravísimos de corrupción como el caso Casinos o el caso Palau de la Música. Con la particularidad que prominentes personajes del partido, empezando por su fundador, Jordi Pujol, y el actual presidente de la Generalitat, Artur Mas, aparecen vinculados con cuentas no declaradas en paraísos fiscales.

También es una evidencia que, durante muchos años, los Presupuestos de la Generalitat han sido sistemáticamente «pinchados» por la interferencia de empresarios, lobbistas, intermediarios y comisionistas que actuaban, en beneficio propio, bajo el amparo de las siglas del partido. Esto ha hecho que las adjudicaciones y concesiones –especialmente, en ámbitos «sensibles» como las obras públicas o la sanidad- se hayan visto, a menudo, mediatizadas y alteradas en beneficio de unos cuantos «elegidos» (los Bagó, Cornadó, Sumarroca, Madí…).

Para mirar de paliar esta pésima imagen, que ha convertido Catalunya en uno de los países más corruptos de la Unión Europea, la dirección de CDC ha decidido impulsar una serie de medidas correctoras que, todo sea dicho de paso, tendrían que haber sido adoptadas por Jordi Pujol desde el primer momento que llegó al Palau de la Generalitat. Pero la administración catalana ha sido, bajo el impulso de CDC, un mero instrumento al servicio de una «causa superior»: la liberación nacional del yugo castellano. Con la excusa que el fin justifica los medios, la Generalitat ha acabado degenerando en una casa de lenocinio.

El presidente Artur Mas ha querido cambiar la fachada y ha implementado nuevas fórmulas de funcionamiento y comunicación para mitigar esta pésima realidad, que ya había traspasado los muros del Palau de la plaza de Sant Jaume y se ha acabado convirtiendo en un clamor en la sociedad catalana desde que el presidente Pasqual Maragall denunció en el Parlament el «problema del 3%». Ahora, por ejemplo, la Generalitat dispone en su página web de un Portal de la Transparencia donde se publican todas las adjudicaciones y subvenciones que hace la administración catalana y también se ha adherido –pagando cuota- a la organización Transparencia Internacional España. Además, acaba de nombrar a la exmagistrada Núria Bassols como nueva comisionada para la Transparencia. Bienvenidas sean estas medidas, aunque lleguen muuuuy tarde y forzadas por el ambiente irrespirable y el impresionante alud de escándalos de corrupción que han sacudido nuestro país.

Sucede, sin embargo, que cuando entro en el Portal de la Transparencia y consulto los datos que vuelca el Gobierno me vuelvo a encontrar allá donde estábamos desde hace años. Se reiteran las adjudicaciones a Copisa y a Aglomerados Girona (familia Cornadó), a Emte y a Teyco (familia Sumarroca). Además, se abusa sistemáticamente de los contratos negociados de obras y servicios, es decir sin pasar por el preceptivo concurso público, y es muy frecuente que el precio final de la adjudicación sea muy superior al de salida, cuando en buena lógica tendría que ser a la inversa. ¿Cómo se debe interpretar todo esto?

Me pasa lo mismo que cuando paseo por la Barcelona en obras del alcalde Xavier Trias. Todas las «constructoras del 3%» tienen una presencia masiva. Sólo hay que fijarse en los carteles que lo anuncian en la vía pública. El Ayuntamiento también ha adoptado la «moda de la transparencia», pero lo hace de forma que es muy difícil poder consultar las adjudicaciones, sus importes y sus beneficiarios finales, puesto que se dispersan por distritos o a través de empresas municipales, de forma que la tarea de seguimiento y control resulta imposible.

En nombre de la «transparencia», estamos entrando en la «oscura transparencia». Las administraciones convergentes vuelcan toda la información en la red, sí, pero espigando el alud de datos constato que reflejan los mismos vicios de siempre.

Lo han detectado los sociólogos que estudian los impactos de la red: el exceso de información puede abocar a la desinformación. Mutatis mutandis esto mismo sucede con la «oscura transparencia» que nos vende CDC. Detrás de los listados de adjudicaciones y subvenciones suena la misma música que nos acompaña desde los tiempos del 3%.

Por cierto, cuando me dirijo a la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) y pregunto por el importe de la factura de Mediapro por la transmisión de las carreras de Fórmula 1 me dicen que no me pueden dar este dato porque es «confidencial». Un ejemplo más de la «oscura transparencia» convergente.

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