La población de Queralbs ha vivido dividida la presencia del ex-presidente de la Generalitat Jordi Pujol estos días de agosto, tras conocerse su confesión que durante 34 años tuvo dinero escondido en el extranjero sin declararlo a Hacienda . Mientras algunos vecinos hacían como si nada hubiera pasado y refunfuñaban más de los periodistas omnipresentes en el pueblo que de un Jordi Pujol evasor confeso, otros intentaban no coincidir con él en sus paseos por Queralbs.
El mismo día que Pujol volvía a su domicilio de Barcelona, un grupo de vecinos de Queralbs, el martes 26, distribuyó una hoja donde criticaba tanto la corrupción como la pasividad en denunciarla de la prensa y la sociedad en general. Sin citar a Pujol en el texto, es evidente que hablan de él.
En la hoja, titulada «Vivir en un pacto de silencio» se dice que «es doloroso constatar el daño que la corrupción de nuestros dirigentes produce en la sociedad, para la que justamente, deberían ser ejemplo. Y es igualmente doloroso contemplar la falta de reacción por parte de los ciudadanos ante este hecho. Esta falta de posicionamiento crítico, ya sea por cobardía, por comodidad o por conveniencia, no sólo es indicativa de nuestra falta de valor como ciudadanos libres, sino una señal pésima que enviamos a los que nos gobiernan, de que aceptamos sumisamente sus abusos».
El texto termina diciendo que «la expresión individual es uno de los pilares de nuestra democracia, y deberíamos ejercerla con criterio. Sin criterio, no valemos nada. Y, sin valor, tenemos los gobernantes que nos merecemos». Firman: «Algunos vecinos de Queralbs».
Los pasquines se han repartido por algunos locales del pueblo y se han colgado en paredes, árboles y mobiliario urbano.












