El sector sanitario público quiere que Boi Ruiz no vuelva en otoño

El consejero de Salud, Boi Ruiz, tiene en pie de guerra al sistema sanitario público catalán. Uno tras otro, los hospitales catalanes, grandes y pequeños, van siendo escenario de protestas de usuarios y trabajadores del sector contra sus políticas. El anuncio del cierre de miles de camas con el argumento de que durante el verano baja la actividad en los hospitales ha provocado respuestas espectaculares, como la negativa a abandonar sus habitaciones por parte de los pacientes ingresados en plantas que se pretendían cerrar en Bellvitge o la Vall d’Hebron.

Cuesta creer que las habitaciones y camas cerradas volverán a ser operativas tras el verano. Los médicos, enfermeras y auxiliares que han visto cómo en años anteriores centenares de habitaciones que se cerraban en julio eran reconvertidas en despachos en septiembre, ya no se fían del consejero y de los gerentes de los diferentes centros sanitarios.

A pesar de que el Gobierno catalán aseguró que los recortes en el sector sanitario han terminado, los hospitales continúan reduciendo sus presupuestos. Las derivaciones de pacientes hacia centros privados están a la orden del día. Los servicios de urgencias de muchos hospitales sufren colapsos que, pese a que sus gestores dicen que son puntuales, se han convertido en permanentes.

La respuesta del consejero ha sido esconderse. Le piden que dimita en todas las concentraciones y en los pasquines enganchados en las paredes de los hospitales. Pero él no aparece por ningún lado. Quizás esté de vacaciones. El sector público sanitario teme que muchas de las habitaciones que ahora se cierran se conviertan en despachos en septiembre, pero tiene muy claro que no quiere que Boi Ruiz vuelva al suyo después del verano.

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