El derecho a decidir no discutir sobre el derecho a decidir

Muchas conversaciones entre partidarios y contrarios a la independencia de Catalunya se encallan cuando los primeros sacan a relucir el «derecho a decidir». «Si no defiendes el derecho a decidir es que no eres demócrata», es la reflexión de entrada. Los contrarios a la independencia que ven en el «derecho a decidir» una excusa para avanzar hacia la separación de Catalunya de España suelen tropezar con dificultades para replicar ese argumento.

Han aparecido varios artículos de autores de cierto prestigio intelectual que consideran que el «derecho a decidir» no existe tal y como se plantea en Catalunya. Uno de Javier Cercas, por ejemplo, que ha circulado profusamente en las redes sociales. Pero sus argumentos son menos directos y simples que los que defienden que «Tenemos el derecho a votar» o «Votar qué país queremos es normal», como reza la propaganda de Òmnium Cultural.

Los argumentos que cuestionan este «derecho a decidir» se fundamentan en la especificidad de lo que se quiere decidir o en la forma como se han gestado las preguntas de la consulta prevista para el 9 de noviembre y el propio contenido de las preguntas. ¿Se puede decidir que Catalunya se separe de España y, a renglón seguido, que el área metropolitana o el Valle de Aran se separen de la Catalunya independiente? ¿Se puede decidir sobre cualquier cosa? ¿Se pueden cuestionar los derechos humanos o la pena de muerte consultándolos a la ciudadanía? ¿Se puede preguntar a los ciudadanos qué pregunta quisieran que se les plantease en una consulta de la que se puede derivar la independencia de Catalunya?

Cuando en conversaciones particulares se entra en estas disquisiciones el debate sube de tono, la tensión se palpa en el ambiente y muchos acaban por proponer un cambio de tema para no chafar el encuentro. Seguramente todos conoceréis familiares y amigos que han preferido ese cambio de tema de conversación para no finiquitar una cita, tras la aparición del «derecho a decidir».

Por eso, una amiga me ha comentado que cuando el «derecho a decidir» aterriza en una conversación ella siempre dice que es partidaria «del derecho a decidir no discutir sobre el derecho a decidir«.

¡Y hace la mar de bien!

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