La Catalunya esperpéntica

A medida que vamos consumiendo los días y las semanas que nos acercan a la ‘fecha mágica’ del 9-N vemos cómo se repiten episodios de confrontación nacional/étnica de baja intensidad entre independentistas y anti independentistas. Unos y otros dan pena, porque se esfuerzan por teatralizar un supuesto conflicto que no acaba de arrancar, por mucho que se empeñen. Más allá de la dialéctica política, siempre exagerada, ni España está en «guerra» con Catalunya ni Catalunya está en «guerra» con España. Como mínimo, en mis múltiples relaciones personales no detecto ni una brizna de pasión por esta cuestión mediáticamente palpitante: en todo caso, una mezcla de aburrimiento y de curiosidad por saber cómo saldrá Artur Mas de este «jardín».

El «Proceso de Transición Nacional» ha entrado en una fase esperpéntica. Unos descerebrados se dedican a serrar por la noche el Pi de les Tres Branques. Otros insultan al gran Raimon porque no comulga con la causa independentista. Unos se dedican a cargarse los mástiles donde ondean las esteladas. Otro quema la bandera española en el Ayuntamiento de Terrassa, mientras un grupo de falangistas coloca una bandera española en el Ayuntamiento de Cardedeu. Las sedes de diferentes partidos políticos –de todas las siglas y colores- sufren reiterados actos de vandalismo, nada nuevo. Y la guinda del pastel: una mujer jubilada de Ullastrell agrede verbalmente y físicamente a Pere Navarro, el primer secretario del PSC, porque –dice- cuando era alcalde no tenía bastante limpia la señera del balcón del Ayuntamiento (!).

Mirémonos en el espejo. Todo esto es ridículo y hace llorar… de risa. ¿Estos son los estragos –de un lado y del otro- que provoca la supuesta oleada soberanista? ¡Pero si los ayuntamientos de la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI) se arrugan ante los requerimientos postales de la delegada del Gobierno, María de los Llanos de Luna! La respuesta del gobierno central también es «tremebunda»: ¡se dedica a colgar banderas constitucionales españolas más grandes en algunas de sus dependencias oficiales en Catalunya!

Ni una brizna de épica, ni una pizca de heroísmo. El «conflicto» Catalunya/España es de pizarrín.., porque sólo existe en la imaginación desbordada de unas cuantas cabezas calientes, de un lado y del otro. Afortunadamente, la gran masa pasa de todas estas historias sin ningún tipo de sentido de la realidad. Desde Presidencia de la Generalitat, y por estrictos motivos de supervivencia política, se ha hinchado un globo… que está lleno de agujeros.

Ni el proceso independentista sube –a pesar de las alocadas encuestas del CEO– ni el anti independentismo cuaja en los barrios y ciudades del «cinturón rojo» porque, en el día a día, todo el mundo ya ve que todo esto es un juego de niños para pasar el rato. Por la independencia de Catalunya no hay muertos ni los habrá. Tampoco habrá independencia.

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