Minoría absoluta

«Vivir libre». Paseando por Barcelona veo unos OPI’s patrocinados por la Generalitat y el Ayuntamiento que, bajo este lema, yuxtaponen una imagen de gente de hoy con dibujos de personas del siglo XVIII. Los actos del III Centenario del asedio y caída de la Ciudad Condal durante la Guerra de Sucesión, comisariados por Toni Soler y Miquel Calzada (Mikimoto), empiezan a calentar motores y, en los próximos meses, irán «in crescendo».

 

«¿Vivir libre»? Miro a mi alrededor y la gente pasa atareada en sus quehaceres o pasea tranquilamente; de vez en cuando, veo mendigos o personas removiendo los contenedores de basura. Todos son ciudadanos libres que viven encorsetados por los límites que impone una sociedad capitalista democrática, como hay tantas en el mundo.

 

¿Vivían más libres los catalanes del año 1700, en tiempo del último rey de los Austrias, que los catalanes del 2013? Aquella era una sociedad profundamente desigual, dominada por el terror de la Santa Inquisición y zarandeada por guerras constantes. Sólo una minoría absoluta de nobles, obispos y ricos comerciantes vivía con todos los lujos, mientras la inmensa mayoría sobrevivía con las migajas y era víctima de un sistema represor y totalitario.

 

La Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona son muy libres de promover la conmemoración de este III Centenario y de abocar un dinero que, por otro lado, carecen para tantas otras emergencias sociales. Ojo, eso sí, con la manipulación que se nos quiere imponer, que roza la inmoralidad y la estafa histórica.

 

«Vivir libre». ¿Tenemos que añorar los «buenos tiempos» del rey Carlos II de Austria, el último de la dinastía, que estaba completamente sonado (le llamaban El Embrujado)? ¿O los de su padre Felipe IV de Austria, que provocó la Guerra de los Segadores y, después de trinchar el Principado, pactó con Borbones la cesión de la Catalunya Norte a Francia?

 

No jodamos. ¿Qué tenemos que ver los catalanes de hoy con los de aquella época aciaga? Nada de nada, ni ganas. Cuando hay una guerra, todos somos víctimas, excepto los generales y los traficantes de armas, que se llenan los bolsillos. ¿Qué «libertad» defendían los barceloneses de 1714? ¿La «libertad» de unas Cortes totalmente secuestradas por las élites militares, eclesiásticas y nobiliarias, donde el pueblo no tenía voz ni voto? ¿La «libertad» de la cual disfrutábamos los catalanes durante los reinados de Felipe I, Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II (la sucesión de reyes de la Casa de Austria que tuvo España)?

 

Hagamos todas las ceremonias fúnebres que queramos, pero que no nos hagan pasar gato por liebre. Ya lo escribí en un artículo anterior: puestos a conmemorar derrotas, conmemoremos la caída de Barcelona a manos del fascismo, el 26 de enero de 1939. Es más oportuno y actual.

Pero el anarquismo, el socialismo y el comunismo -la liberación de las clases populares- provocan escalofríos en la derecha que nos gobierna en la Generalitat y al Ayuntamiento de Barcelona, que ahora quiere distraernos con ridículas apelaciones a un pasado con pelucas felizmente superado por el sacrificio y las victorias de la lucha obrera.

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