Catalunya, el país de la corrupción

Por informaciones y confidencias que me llegan, constato que la corrupción sigue campando actualmente por la Generalitat de Catalunya y a las principales instituciones del país (diputaciones y ayuntamientos) cómo en los « mejores » tiempos del pujolisme. Es cierto que las penurias presupuestarias limitan el volumen de la « mordida », pero los vicios que, desde hace años, carcomen la administración catalana se reproducen, con total impunidad, bajo el mandato del presidente Artur Mas.

Las mismas empresas de siempre se llevan la mayoría de los contratos públicos. Hay constancia que los concursos y las subastas son sistemáticamente manipulados para favorecer el puñado de empresarios del régimen. Las subvenciones van a parar a los bolsillos de los «amiguetes» del poder. El enchufismo de familiares, parientes y militantes de CiU continúa pervirtiendo, como si nada, el pesado organigrama administrativo. La «mordida» -ya sea del 3%, del 10% o del 20%- está más vigente que nunca. Leer el DOGC es leer el catálogo de la corrupción.

Yo era de los que creía que el único efecto beneficioso de la crisis sería que, en estos tiempos, los recursos públicos serían gestionados con criterios de rigor, transparencia y eficacia. Inocente de mí, pensaba que el estallido de casos de corrupción «caso Bárcenas», «caso Palau de la Música», «caso Urdangarin» -nos inmunizaría por siempre jamás más de este cáncer de la democracia.

Pero no: me olvidaba que Cataluña «is different». Aquí la corrupción está más arraigada que en ninguna parte. Forma parte del ADN del nacionalismo, tal y cómo pasa en países sobrevenidos independientes, como por ejemplo Montenegro o Kosovo, donde la bandera lo tapa y lo justifica todo. La administración de CiU -que ha acontecido hegemónica a la Generalitat, a las cuatro diputaciones y en los principales ayuntamientos catalanes- ha degenerado en una estructura mafiosa, sin control parlamentario, que lo embadurna todo.

Oriol Junqueras es cómplice de este desaguisado puterfacto. Renunciando a asumir su tarea como primer partido de la oposición, ERC está encubriendo, por activa o por pasiva, todas las barbaridades que, día a día, se están perpetrando desde la administración convergente. La insólita carencia de Presupuestos de la Generalitat hace que el dinero público se esté manejando de una manera absolutamente arbitraria y discrecional, produciéndose una situación de descontrol democrático sin igual en la Unión Europea.

Pero este desgobierno presupuestario es ficticio. En realidad, es una estrategia ideada y ejecutada por la trama mafiosa que se ha apoderado de las principales instituciones del país para hacer y deshacer como le da la gana. Han embaucado a ERC con una película de indios; hipnotizados, los independentistas les garantizan la estabilidad parlamentaria y, mientras tanto, la Generalitat continúa siendo una «cueva de ladrones», como en los viejos tiempos del pujolisme.

Exijo una auditoría de todas las adjudicaciones públicas que se han hecho en Catalunya en 2013 y de todos los cargos de confianza que han sido nombrados en los últimos meses. Exijo que Catalunya tenga, como cualquier país democrático, unos presupuestos de ingresos y de gastos que puedan ser debatidos y contrastados. Exijo que se acaben las subvenciones arbitrarias. Exijo que, de una vez y por siempre jamás, la corrupción, el enchufismo y el amiguismo sean erradicados de mi país.

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