Ítaca no es una parábola

Catalunya es, en esencia, un país mediterráneo. Esto quiere decir una determinada manera de entender la vida y la sociedad, ligada al buen clima que tenemos y a la facilidad de las comunicaciones que nos permiten mezclarnos. El gran lago del Mare Nostrum fue, durante muchos siglos, el ombligo de la civilización humana. No podemos entender el Mundo que tenemos sin la cultura que nos legaron Grecia, Fenicia, Egipto, Israel, Italia, Siria, Turquía, Catalunya… Las cuatro grandes religiones monoteístas -el judaismo, el catolicismo, la Iglesia ortodoxa y el Islam- tienen su orígen en las orillas del Mediterráneo.

 

Hoy, la antigua Mare Nostrum ha caído en el pozo de la historia. Los países mediterráneos europeos sufrimos, más que nadie, los estragos de la crisis capitalista anglosajona, con la economía destrozada y unas tasas de paro inasumibles (en Grecia, Chipre, Croacia, Albania, Italia, España…). En la orilla sur, Túnez, Libia, Argelia y Egipto han vivido, en los últimos días, meses y años, convulsiones revolucionarias de incierto resultado. Israel, el Líbano y Siria son volcanes que humean constantemente. Turquía, que aspiraba a imponer su liderazgo en la zona musulmana, también sufre graves fracturas políticas y sociales, cómo ha puesto de manifiesto el conflicto del parque Gezi.

 

Y, para postre, desde Bruselas, la Europa de Schengen nos ha impuesto un muro invisible, pero implacable, que divide el norte y el sur de la Mediterránea. Este mar interior basó su prosperidad, en el pasado, en la libertad de las olas y el viento. En la actualidad, ha acontecido un cementerio de los sueños ahogados y una cloaca a cielo abierto donde se abocan los detritus de toda la cuenca.

 

Gente de la Mediterránea, digamos basta. Somos títeres manipulados por manos extranjeras que están destruyendo nuestra genuina manera de ser y de vivir. Los de la orilla europea, esclavos de los designios perversos de la «troika» que nos condenan a la miseria. Los de la orilla meridional, víctimas propiciatorias de los criminales juegos estratégicos de potencias lejanas (Estados Unidos, Rusia, China, Qatar…). Nosotros -sirios, egipcios, palestinos, turcos…- ponemos los muertos y los desesperados -griegos, catalanes, valencianos, andaluces, albaneses, bosnios, sicilianos, chipriotas…-, mientras ellos nos saquean las riquezas y la autoestima.

 

Catalunya será mediterránea o no será. De aquí venimos y aquí hemos encontrado la prosperidad y la gloria. Dejémonos de Bruselas, Washington y Pekín. Nuestro Universo es Mallorca, Valencia, Málaga, Argel, Túnez, Alejandría, Jerusalén, Beirut, Damasco, Estambul, Atenas, Dubrovnik, Tirana, Venecia, Roma, Marsella, Córcega, Cerdeña, Montpellier…

Tenemos que recuperar el espíritu del Mare Nostrum y echar a los piratas que nos rapiñan. La corona mediterránea volverá a resplandecer si, como nos enseñan los heroicos pueblos de la orilla sur, somos capaces de sublevarnos, hacer frente a la opresión y ganar la libertad. Ítaca no es una parábola ni una metáfora. Ítaca es una isla de Grecia donde, como nosotros, las pasan canutas.

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