ERC siempre ha sido conocida por sus luchas cainitas, por las guerras internas más fratricidas nunca conocidas. Pero desde que Oriol Junqueras logró el liderazgo, lo cierto es que entraron en una fase a medio camino entre el letargo y la calma. Pero el proceso independentista y un final de etapa con Junqueras en la prisión y Marta Rovira en Suiza han hecho que la formación haya quedado prácticamente descabezada.

Para establecer un tipo de mando provisional y llevar el día a día del partido, la cúpula se dividió en tres, con Sergi Sabrià llevando el grupo parlamentario, Roger Torrent liderando la parte más institucional y Pere Aragonès como cara del gobierno y figura representativa de los cuadros republicanos. La idea parecía buena. Repartir el poder de un líder en tres secundarios era una solución temporal lógica. "Hasta que las aguas vengan más calmadas", repetía hace poco un dirigente.

Pero resulta que una vez los tres van cogiendo poder interno y renombre exterior, Sabrià, Torrent y Aragonès están ganando adeptos entre la militancia y empiezan a formarse tres familias que ya van teniendo sus diferencias. Conociendo como tratan en ERC estos episodios, se ve venir una lucha entre los tres -y sus partidarios- que puede acabar con la unidad que tienen ahora.