Los diputados y dirigentes políticos de los partidos catalanes llevan dos años consecutivos con dos veranos sin vacaciones o con muy pocas. Las elecciones y el 1 de octubre –con el añadido del atentado del 17 de agosto de 2017– han hecho que la clase política catalana dispusiera de muy pocos días de descanso en los veranos del año pasado y el anterior. Este año, pero, no están dispuestos a que se vuelva a repetir. Pero como a menudo pasa, las cosas no son siempre como uno querría. Y menos, en política.

La suspensión del último pleno del Parlament ha provocado que la Diputación Permanente sea muy necesaria para aprobar decretos básicos. Además, la reunión de la Comisión Bilateral Estado-Generalitat también mantiene pendientes a los partidos por el resultado que pueda tener. Por otro lado, todos saben que para la segunda quincena de agosto ya tendrán que estar en activo, porque se prevén actos de homenaje a las víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils y tendrán que hacer acto de presencia. Es por eso que tanto el Parlament como la Generalitat han recibido numerosas presiones de diputados para que todo lo que está pendiente de cerrar se pueda hacer esta misma semana y no alargar más el curso político