La casa que Carles Puigdemont tiene alquilada -no se sabe con qué dinero- aen la localidad belga de Waterloo está concebida como un tipo de subsede internacional del Palau de la Generalitat. Pero la realidad es muy diferente. Y la primera prueba se hizo evidente la semana pasada en ausencia del jefe de filas de JxCat.

Y es que un día cualquiera, mientras el expresidente se encontraba a Ginebra (Suiza) mirando de internacionalizar el procés, hubo dos jóvenes que, disfrazados de guardias civiles, intentaron entrar y estuvieron en la puerta haciendo ver que vigilaban y controlaban Puigdemont hasta que fueron identificados y expulsados por la policía local. Pocas horas después, en la misma puerta, el actor Albert Boadella y su comedia de Tabàrnia montaban un espectáculo que tampoco habría sido posible en una institución. Y es que no es lo mismo un edificio oficial que una casa alquilada, por muy majestuosa que sea.