La relación entre JxCat y Esquerra Republicana de Catalunya no mejora. Desde que los dos se echaron públicamente los platos por la cabeza a raíz de las diferencias en la aplicación de la interlocutoria de Pablo Llarena que suspendía seis diputados independentistas, la cosa va cada vez está peor. Además, como que el centro de aquella polémica era el expresidente Carles Puigdemont, ahora los republicanos ven en él el origen de sus problemas. Y más todavía desde que controla el PDECat y presiona públicamente para que ERC acepte diluirse dentro de la Crida Nacional de Puigdemont.

Es por eso que, en este punto de la relación, Esquerra decidió el fin de semana pasado evidenciar públicamente sus diferencias con la figura de Puigdemont. Y lo hizo utilizando el gobierno, la figura que se suponía que había quedado al margen de su desencuentro. Así, mientras todo JxCat, medio PDECat, el presidente Quim Torra y todos los consejeros de JxCat desembarcaban en masa en Waterloo para recibir a Puigdemont procedente de Alemania, ERC decidió que su presencia sería mínima y que sus consejeros no irían a la "reunión de trabajo del gobierno con Puigdemont", tal como definió el encuentro la Generalitat. Queda claro que la guerra sigue abierta, y además ahora es muy visible. Enfrentados sin complejos