La última trifulca entre los socios de gobierno, ERC y Junts per Catalunya, ha sido épica. La raíz del desacuerdo estaba en cómo se tenía que aplicar la suspensión de derechos que el juez Pablo Llarena ha decretado para seis diputados, incluyendo a Carles Puigdemont. ERC se negó a la demanda de JxCat de hacer efectivas las medidas para todos los diputados afectados menos para el expresidente de la Generalitat, y el enrocamiento acabó en un pleno suspendido y las dos formaciones independentistas tirándose los platos por la cabeza.

Tanto es así que los días siguientes, a pesar de los esfuerzos de los socios de gobierno para hacer ver que recuperaban la relación, por debajo la mesa continuaban los puntapiés. Y es que en Esquerra lo tienen clarísimo: "llevamos treinta años aguantando a los convergentes, bajándonos los pantalones por el bien del país y del catalanismo cada vez que la lían, y esta vez ya no lo dejamos pasar. Desde que está Roger Torrent capitaneando esto, tenemos los huevos hinchados y somos nosotros los que damos el puñetazo sobre la mesa. Después de treinta años, les toca a ellos ceder", aseguraba a un grupo de periodistas un dirigente de Esquerra que, a pesar de no ser diputado, estaba en la cámara catalana la semana pasada. De momento, ERC se ha puesto firme y ya no claudica cómo antes.