El expresidente Carles Puigdemont se esfuerza, cada vez que puede, en explicar que "presos políticos y exiliados" están "haciendo un gran sacrificio" y que lo pasan fatal por la libertad de Cataluña. Nadie pone en cuestión que todos aquellos que están en prisión y sus familias están en unas condiciones que pueden ser todo menos buenas.

Pero entre los mismos adeptos a Puigdemont empieza a comentarse que los llantos de Puigdemont por los que están fuera de Cataluña no encajan del todo con algunas de las imágenes y fotografías que se publican de él o que el mismo expresidente cuelga en sus redes sociales. Y es que hacer una proclama de queja por su situación y poco después publicar una foto de una bicicleta en un paraje natural idílico queda muy bucólico pero poco revolucionario, y todavía menos victimista.