No sé qué debe tener la hAda Colau para sacar de quicio tanto a la derecha-derecha como a la derecha que se hace pasar por izquierda. Todos comparten el mismo diagnóstico sobre los tres años de gobierno de los comunes: su proyecto político es un fracaso, la ciudad ha perdido esplendor, están más solos que la una y no paran de colocar a los parientes en cargos de confianza. No sé qué debe tener el poder que tanto trastorna: el que gana, gobierna desde una realidad paralela y el que pierde, quiere ganar a cualquier precio. Lo digo porque todos los gobiernos de Barcelona que han precedido a BComú han pecado de lo mismo. Los proyectos –los faraónicos de los socialistas y la venta al mejor postor de los convergentes- han provocado tantos beneficios como perjuicios. Y así nos va.

No conozco ningún partido que haya rechazado el nepotismo por impropio de una democracia. Todos han colocado a amigos y familiares en el momento en que han tocado poder, así que no acepto lecciones de nadie, comenzando por los supuestamente recién llegados que ahora se postulan para alcaldes y que en realidad llevan años alimentándose de la bicoca política. Para evitar que sagas familiares vivan de la cosa pública durante generaciones mientras animan al resto de mortales a hacernos emprendedores, haría falta hacer más a menudo psicotécnicos, exigir un mínimo de formación curricular y aprobar normas estrictas de incompatibilidades. Pero está claro que esto no pasará porque quien tendría que hacerlo es quien más se beneficia de tanta impunidad.

Hace unos días se presentó Jordi Graupera como gran esperanza blanca del independentismo barcelonés. Ya dije hace unos artículos que Graupera es amigo de Salvador Sostres. Forma parte de la cuadrilla que integran los herederos de los patricios convergentes y la única cosa remarcable de la que puede presumir el filósofo es de haberse dejado arrastrar por el suelo por un policía el 1-O vestido de boda. A Graupera lo conocí en el diario donde trabajé en otra vida. Lo colocó a dedo el director como a tantos otros cachorros soberanistas de CDC y el joven con ínfulas de periodista se fue a vivir la vida a Lisboa. Como corresponsal hacía unas crónicas lamentables que tenían que ser reescritas y si se enteró que Portugal celebraba elecciones fue porque se le avisó desde la redacción.

Pero hoy quiero escribir de otro personaje que también se postula para salvar Barcelona del desastroso gobierno Colau. Lidera una plataforma que se autodefine como "ciudadana y transversal", y tiene previsto presentar su candidatura el próximo 14 de junio, según ha avanzado en una entrevista a un diario digital barcelonés anti-Colau. Hablo de Daniel Vosseler, un abogado que parece salido de la nada, pero que en realidad lleva tiempo promocionándose en los medios del régimen. Me sorprende que Vosseler diga que "no puede ser que el 15% de los votos gobierne Barcelona" porque me hace dudar sobre su conocimiento político de la ciudad, pero cuando explica que el suyo es un movimiento "liderado por técnicos" ya me quedo más tranquila. Vuelven los tecnócratas para salvarnos de nosotros mismos.

Como soy fisgona, he buscado información sobre Vosseler para saber de qué mal hay que morir. Por lo que se ve, es un brillante abogado especializado en accidentes de tráfico y negligencias médicas. La Generalitat le concedió el año 2015 un premio de Seguridad Viaria. El abogado recibió el galardón de manos del consejero de Interior Ramón Espadaler, cuando Unió y Convergencia eran culo y mierda y el heredero de Duran huía de socialistas y gais como gato escaldado. Curiosamente, hace unos días Vosseler reapareció en una tertulia de Catalunya Ràdio y, como experto jurista, se mostró convencido que el juez Llarena pediría la extradición de Anna Gabriel.

Vosseler explica que "Barcelona está siendo devorada por el sectarismo y necesita un cambio". Y buscando, encuentro que nuestro salvador transversal es en realidad miembro del comité ejecutivo del chiringuito llamado Lliures que preside Antoni Fernández Teixidó, ex-convergente, anti-independentista y consejero de un montón de carteras de los gobiernos pujolistas. Savia nueva, que diríamos. Vosseler aparecía el último de la lista del organigrama del nuevo partido que se presentó el año pasado y que defiende la libre competencia, la propiedad privada y la seguridad jurídica. Agarrémonos fuerte, porque lo mejor todavía está por llegar.