El Campeonato Mundial de Fútbol ya ha terminado. Durante un mes hemos visto cómo millones de personas estallaban de alegría o lloraban en función de los resultados de la selección de su país. Hemos contemplado cómo hombres hechos y derechos, mujeres, niños y futbolistas multimillonarios se desmoronaban porque el balón no había entrado cuando tocaba en la portería de los adversarios.

Hemos visto tristes y compungidos a Cristiano Ronaldo y a Messi porque Portugal y Argentina fueron eliminadas en octavos de final. Cristiano Ronaldo tiene un contrato vitalicio con la empresa Nike de 25 millones de dólares anuales. Messi tiene otro con Adidas de 12 millones de euros anuales. Entre estas dos empresas patrocinan a 22 de las 32 selecciones nacionales que han participado en esta Copa del Mundo. Alemania recibirá 65 millones de euros anuales hasta la próxima competición, dentro de cuatro años. Francia ha negociado un patrocinio de Nike por valor de 50,5 millones de euros.

Gran parte de la ropa deportiva de estas marcas se fabrica en Indonesia, donde el 80% de las trabajadoras de la confección son mujeres que ganan entre 82 y 200 euros al mes. A menudo sus salarios no cubren ni siquiera sus necesidades básicas y las de sus familias para asegurar una vida digna que, según los cálculos de la Alianza por el Salario Digno en Asia, ascendería a 365 euros al mes. Lo explica la Campaña Ropa Limpia en el informe Juego Sucio, elaborado conjuntamente con Éthique sur l'étiquette y presentado pocos días antes de que acabara el campeonato.

Raja, un sindicalista indonesio, afirma en el informe que "sabiendo que el coste laboral de una camiseta producida en Indonesia apenas representa un 1% del precio final, me parece lógico que el coste laboral se pueda aumentar un poco, ¿no?".

Parece lógico. Es lógico. Lo que no es lógico es que lloremos porque eliminen a la selección de nuestro país y no lo hagamos por las trabajadoras y trabajadores que fabrican, en Indonesia, Vietnam, Camboya o China, en condiciones prácticamente de explotación laboral, las camisetas y el calzado deportivo que lucen nuestros jugadores millonarios.