Cataluña, históricamente, se ha construido de norte a sur: de la montaña al mar. Esto lo sabe muy bien el presidente de la Generalitat, Quim Torra, que se autoproclama heredero de Otger Cataló y de los “nueve barones de la fama”.

El núcleo fundacional de Cataluña está en los Pirineos, del mismo modo que la Castilla de la reconquista surge de los Picos de Europa. Siglos atrás, los Pirineos eran un eje central de actividad económica y el bastión donde se forjó la “catalana manera” que reivindica el presidente bis, Carles Puigdemont.

Pero los últimos 300 años –y de esto no tiene la culpa la monarquía borbónica- han sido letales para la cordillera pirenaica. La industrialización vació de gente sus valles y montañas y los embalses para la producción de energía eléctrica inundaron los prados y las zonas agrícolas más fértiles, además de cortar sus ancestrales vías de comunicación hacia el sur.

Hoy, los Pirineos languidecen. Las comarcas del Alto Pirineo y Arán (Alta Ribagorça, Pallars Jussà, Pallars Sobirà y Arán) ocupan el 12% del territorio, pero en ellas sólo vive el 0,5% de la población de Cataluña. Además, la gente que resiste en las montañas está cada vez más envejecida y la falta de servicios aleja a las familias con niños.

Para acabar de rematarlo, el programa europeo de repoblación de los Pirineos con osos pardos procedentes de otros países, especialmente de los Balcanes, está exacerbando los ánimos de la población, que lo considera una amenaza para su seguridad y para su exigua economía, basada en la ganadería extensiva (vacas, ovejas y caballos) y el turismo. En este sentido, la localidad de Vielha ha vivido este viernes, 31 de agosto, una manifestación de ganaderos y de vecinos exigiendo la expulsión de los osos foráneos.

Se considera que el último oso autóctono de los Pirineos fue abatido en 1990. En el marco del programa Piros LIFE, impulsado y financiado por la Comisión Europea, se valoró que, para conservar la biodiversidad, era interesante reintroducir esta especie, aunque fuera con ejemplares procedentes otros hábitats. De este modo, se han transformado los Pirineos en un zoológico de osos pardos importados de ecosistemas distantes.

Después de 25 años de la implementación del programa Piros LIFE, que cuenta con el apoyo entusiasta de la Generalitat, el balance que hacen los habitantes de los Pirineos no es nada satisfactorio. Si ya recibieron con desconfianza el anuncio de la repoblación de osos, las malas experiencias vividas han arreciado su oposición y han incrementado la irritación existente.

En la actualidad, se calcula que hay unos 43 osos foráneos viviendo en los bosques de los Pirineos, a ambos lados de la frontera. En su mayoría se localizan en el Valle de Arán, el Pallars Sobirà y el Ariège. Son animales salvajes y su dieta omnívora incluye el sacrificio de otros seres vivos, como por ejemplo vacas, ovejas y caballos, que no dudan en atacar para alimentarse. Durante el año pasado se registraron 47 denuncias por las agresiones de los osos contra reses y colmenas de abejas.

En los últimos meses, el malestar de la población pirenaica se ha disparado: los responsables del programa Piros LIFE importaron de Eslovenia un oso bautizado con el nombre de Goiat. Su implantación en los Pirineos ha sido un desastre. Es un animal que ha demostrado ser muy agresivo y que ha provocado grandes daños a la ganadería, en especial en los caballos. Esto ha levantado una oleada de indignación en la zona. Si, de entrada, el clamor era “¡fuera Goiat!”, la falta de respuesta de la Generalitat ha provocado que la protesta sea ahora “¡fuera osos!”.

En este contexto, un grupo de ganaderos cabreados depositaron, la semana pasada, una ternera herida –presuntamente, por el ataque de un oso- en la oficina del Parque Natural del Alto Pirineo, en Llavorsí. Esta acción, que ha merecido el rechazo de ecologistas y animalistas, es un reflejo de la exasperación que reina en la zona.

A pesar de la debilidad demográfica de los Pirineos, la oposición a la reintroducción de los plantígrados concita la solidaridad, sin fronteras, entre los ganaderos y los vecinos de Cataluña, Aragón y el Ariège, como se ha visto en la manifestación de este viernes en Vielha. Haría bien el presidente Quim Torra de escuchar las voces airadas que resuenan en los Pirineos, porque él sabe que todo empezó y viene de allá.

Ya que vivimos en el país del derecho a decidir y de los referéndums, sería interesante que los habitantes de los Pirineos pudieran opinar sobre la reintroducción artificial de los osos en sus montañas. Al fin y al cabo, esta es una decisión que se ha adoptado en los despachos de Bruselas y Barcelona sin tener en cuenta a los principales afectados: ellos.

Debe organizarse un referéndum sobre la cuestión, en catalán y occitano: “¿Es partidario/a de la repoblación de los Pirineos con osos procedentes otros países, como promueve el programa Piros LIFE de la Comisión Europea?”