Muchos canales de televisión aprovechan los meses de julio y agosto para reponer series que han emitido durante el curso normal. Es un recurso barato para llenar la programación ante una audiencia menos exigente en tiempo de vacaciones y calor. Por este motivo he visto un episodio de la serie danesa 'Borgen' que tiene puntos de comparación con la situación política y mediática catalana actual y también la de hace unos cuántos años.

La protagonista de 'Borgen', la primera ministra danesa, tiene problemas con su marido y necesita dar una imagen de buena relación familiar para no perder apoyo político y electoral. Su responsable de relaciones con los medios de comunicación convence al jefe de informativos del canal de televisión más potente de Dinamarca para que programe un reportaje amable de esta familia con la contraprestación que él decidirá como se edita finalmente el vídeo. La periodista a la que encargan el reportaje no sabe nada de este pacto. Finalmente, el marido de la primera ministra explota y decide divorciarse mientras el político está controlando la edición del vídeo. El reportaje no se emite y la periodista se despide recriminando a su jefe que años atrás no se plegaba a los intereses de los poderosos.

¿Pasan estas cosas en Dinamarca? Me cuesta de creer y el capítulo está cogido con pinzas. No es muy creíble. ¡Pero vaya usted a saber! ¡Quizás sí!

Este episodio de 'Borgen' me ha recordado la etapa en que trabajé en el equipo de Comunicación del socialista Raimon Obiols cuando se presentó a las elecciones autonómicas de 1984 contra Jordi Pujol. Los equipos de Tv3 que venían a los actos y ruedas de prensa de Obiols destacaban siempre aquello que a nosotros no nos interesaba y a menudo las imágenes no llegaban a ser emitidas. Nuestros espías en el palacio de la Generalitat nos explicaban que, sin embargo, aquellas imágenes sí que eran analizadas con detalle por el entonces secretario general de la Presidencia, Lluís Prenafeta.

¿Puede encargar Carles Puigdemont o Quim Torra un reportaje parecido a Tv3 y pactar su edición? ¿Qué pensáis? Si así fuera, el o la periodista que lo hiciera ¿estaría informado de que el producto que se emitiera pasaría por supervisión y control político? El o la periodista utilizado como herramienta de transmisión ideológica ¿dimitiría al sentirse manipulado?

Dinamarca no es Cataluña. ¿O sí?