Hace 14 años que el Parlamento de Catalunya se llena de universitarios unos días de verano. La edición de este año se celebró la semana pasada y coincidió con el nerviosismo que se vivía en los pasillos del Parlamento por la suspensión del pleno que estaba previsto a raíz de las discusiones entre los grupos que apoyan a la mayoría de gobierno. Las chicas y chicos del SPUNI (Semana del Parlamento Universitario) se mezclaron con los periodistas que intentaban aclarar qué estaba pasando entre el PDECat, ERC y el grupo de parlamentarios que da apoyo incondicional al ex-presidente Carles Puigdemont.

Durante estos días, dos centenares de estudiantes de las diferentes universidades catalanas se convierten en improvisados diputados y diputadas, periodistas parlamentarios o lingüistas, eligen un presidente de la Generalitat, crean comisiones, organizan debates y entrevistan a representantes políticos. El mimetismo con los parlamentarios de verdad fue tal que algunos de los debates que se vivieron en el SPUNI fueron de una agresividad quizá excesiva. El tono de los debates actuales y sobre todo los de los meses precedentes en el Parlamento catalán ha supuesto un mal modelo para los jóvenes universitarios. La mayor parte de las 13 ediciones anteriores del SPUNI contemplaron discusiones políticas más relajadas, donde la voluntad de pacto predominaba sobre la del enfrentamiento.

Alguien con criterio decidió que uno de los temas centrales del encuentro fuera la elaboración de una ley sobre cooperación al desarrollo, proceso en el que intervino el propio director de este ámbito en el gobierno catalán, Manel Vila. Y también tuvieron buen criterio los estudiantes que pidieron explicaciones sobre el coste de las matrículas universitarias a los parlamentarios que participaron en uno de los debates. Un debate en el que no participó Antoni Castellà, el actual diputado de ERC que, como ex-secretario general de Universidades e Investigación, es el responsable de que muchos estudiantes no puedan acceder a la enseñanza universitaria porque disparó el precio de las matrículas. Una responsabilidad que comparte con sus superiores Andreu Mas-Colell y Artur Mas.

A ninguno de los tres se les vio en la cámara parlamentaria catalana estos días. No habrían sido bien recibidos.