ElTriangle.eu - Diario digital de información, análisis y opinión

ElTriangle.eu - Diario digital de información, análisis y opinión

CATALÁN CASTELLANO
03-04-2018
Necesitamos unos Acuerdos de Stormont
El Lunes de Pascua de hace 102 años, un millar de militantes independentistas irlandeses protagonizaron una acción intrépida y espectacular, consistente en la ocupación armada de cinco edificios estratégicos de la ciudad de Dublín. Las tropas británicas ahogaron con un baño de sangre esta rebelión y sus principales dirigentes fueron fusilados. Pero el Easter Rising de 1916 marcó el inicio de la escalada bélica que culminaría con la plena independencia de Irlanda del Reino Unido, rubricada en 1922 y certificada con la constitución republicana del 1937.

Como ya he dejado escrito en artículos anteriores, el independentismo catalán tiene una fuerte inspiración en el conflicto irlandés. El ex-coronel Francesc Macià intentó copiar el Easter Rising cuando, en 1926, organizó, con un centenar de patriotas catalanes y una veintena de italianos, la abortada invasión armada de Cataluña desde Prats de Molló. La opción independentista era episódica durante la Renaixença (siglo XIX) y aparece con fuerza en el debate catalanista a inicios del siglo XX gracias al gran impacto político y mediático que tuvo el levantamiento de Irlanda contra Londres.

En la genealogía del independentismo catalán hay un tronco común: el irlandés Francesc Macià y su partido Estat Català (miembro fundacional de Esquerra Republicana de Cataluña, en 1931). Todo lo que, salvando las variantes ideológicas, ha venido a continuación (Font Nacional, Convergència Democràtica, PSAN, PSAN-p, Nacionalistes d’Esquerra, Moviment de Defensa de la Terra, Terra Lliure, CUP, Assemblea Nacional, CDR’s…) tiene como referente indiscutble y sagrado la figura de Francesc Macià, primer presidente de la Generalitat moderna.

En el caso de Irlanda, el factor religioso fue esencial para justificar el proceso de secesión del Reino Unido. Como se sabe, la mayor parte de la isla era de obediencia católica, mientras que la opción oficial británica era el cristianismo reformado (el anglicanismo y la gran variedad de iglesias protestantes). Pero esto no era posible trasladarlo al argumentario del enfrentamiento Cataluña/España, donde la religión católica era absolutamente hegemónica en todo el territorio peninsular. El gran hecho diferencial y divisorio con los españoles elegido por los independentistas catalanes fue la lengua y la cultura.

¿Justifican la defensa del catalán y de la catalana manera (como dice el presidente destituido, Carles Puigdemont) todo el inmenso desbarajuste y la angustia que ha provocado y provoca el actual proceso independentista, iniciado en 2012 a raíz del procesamiento de Oriol Pujol, el heredero de la dinastía pujolista al trono de la Generalitat? Obviamente, no. La lengua catalana y la catalana manera están perfectamente protegidas desde la promulgación de la Constitución de 1978 y del primer Estatuto de Autonomía de 1979. Tenemos catalán en la escuela, catalán en la universidad, catalán en los medios de comunicación, catalán en el mundo de la edición, catalán en Internet, catalán en las administraciones públicas, catalán en las empresas, catalán en los comercios, catalán en los transportes…

Haciendo bandera de la lengua, el nacionalismo/independentismo catalán ha cavado su propia tumba, pensando que cavaba una trinchera victoriosa. La existencia de una importante comunidad castellanoparlante en Cataluña (más del 50%) y la errónea estrategia desplegada por el pujolismo para ensanchar el uso social del catalán en la calle han levantado un muro infranqueable contra el cual el proyecto secesionista está condenado a estrellarse una y otra vez.

No hemos sabido vender el catalán como una lengua que vale la pena aprender porque sirve de ascensor social y hemos dejado que la catalana manera que pregona Carles Puigdemont haya acabado degenerando en la abominable corrupción del 3%. Cuantitativamente, el catalán es operativo en un ámbito geográfico reducido. Pero cualitativamente teníamos la oportunidad de convertirla en una lengua muy atractiva, asimilable a valores positivos como la alta educación, la alta literatura, la alta poesía, la alta filosofía, la alta creación cinematográfica, la alta ciencia… Por eso, cuando TV3 empieza sus emisiones, en 1983, y en la parrilla de programas coloca en prime time la grosera serie norteamericana Dallas queda demostrada la grave carencia de visión estratégica del pujolismo, etapa preliminar del actual independentismo.

Volvamos a Irlanda. La consecuencia de la independencia fue la división de la isla, quedando los condados de mayoría anglicana/protestante bajo el paraguas del Reino Unido. En el caso de Cataluña, la división por razón de lengua nos dirige, inexorablemente, a una situación parecida. Con un agravante: la capital, Barcelona, y el área metropolitana, donde los castellanoparlantes son mayoría, concentran más de la mitad de la población y constituyen el corazón y el pulmón económico del país. ¿Qué pasaría en L’Hospitalet, Badalona, Santa Coloma de Gramenet, Sabadell, Cornellà, Viladecans… si los 70 diputados independentistas del Parlamento de Cataluña decidieran jugar a fondo la carta secesionista?

Además del Lunes de Pascua, la historia de Irlanda tiene otra fecha capital: el Viernes Santo de 1998, cuando se firmaron los Acuerdos de Stormont que ponían punto final a la larga y sangrienta guerra civil de Irlanda del Norte entre las comunidades católica (republicana) y anglicana/protestante (unionista), que, durante los 30 años que duró, provocó más de 3.500 muertos. Un punto capital de este pacto, para evitar que el conflicto rebrote, es que el gobierno autónomo de Irlanda del Norte tiene que estar formado, obligatoriamente y conjuntamente, por republicanos y unionistas.

Si el envite independentista catalán tiene sus raíces en Irlanda, tal vez sería bueno que adoptáramos la solución irlandesa para desencallarlo. Es decir, que el próximo gobierno de la Generalitat esté formado por representantes de partidos indepes y constitucionalistas, reflejando la pluralidad política, sociológica y lingüística de Cataluña. De fórmulas que suman mayoría en el Parlamento hay, desde esta perspectiva, unas cuantas.

En aplicación de los Acuerdos de Stormont, los 447 presos del IRA y de las milicias unionistas -116 de ellos con delitos de sangre- fueron liberados por la amnistía otorgada por el gobierno británico.

(Por cierto, Irlanda del Norte está sin gobierno desde el mes de enero del 2017 porque el partido unionista DUP y los republicanos del Sinn Féin son incapaces de ponerse de acuerdo en los nombres de consenso).
Escribir comentario
* Campos obligatorios
Noticias relacionadas externas

Con el apoyo de: