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CATALÁN CASTELLANO
21-02-2018
El cobarde
El primer impulso de cualquier perseguido por la justicia es, obviamente, intentar escaquearse y mentir, si hace falta, para defenderse. Desde esta perspectiva, entiendo humanamente -aunque no lo comparta políticamente- la retractación que han hecho, ante el Tribunal Supremo, Oriol Junqueras, Joaquim Forn y los Jordis con el objetivo de salir de la cárcel.

El precio que pagan por su participación en el proceso de proclamación y fallida implementación de la República catalana es muy alto. Todos tenemos sentimientos y el castigo que sufren, encerrados y alejados de sus familias y amigos, conmueve e incita a la empatía y a la solidaridad.

También puedo entender a los ex-consejeros de la Generalitat que no están en Bélgica, a los dirigentes políticos del PDECat y ERC que han declarado estos días y a los ex-miembros de la anterior Mesa del Parlamento, encabezada por Carme Forcadell, que -haciendo caso de sus abogados- han intentado desfigurar y caricaturizar todos los hechos que pasaron en Cataluña entre el 6 de septiembre y el 27 de octubre para eludir la cárcel. Ante el magistrado Pablo Llarena han acatado explícitamente el marco constitucional y la aplicación del humillante artículo 155 para obtener la preciada libertad, aunque sea con fianza y en espera de un juicio donde afrontarán fuertes condenas.

Pero aquello que no entiendo ni acepto es la hipócrita declaración de Carles Viver Pi-Sunyer ante el juez Juan Antonio Ramírez Sunyer, que instruye en Barcelona la investigación del 1-O. El catedrático Carles Viver Pi-Sunyer es el artífice jurídico de todo el proceso independentista y la persona clave que dio cobertura a los políticos que han implementado sus proyectos legislativos y que han acabado, por hacerle caso, en la cárcel o imputados por gravísimos delitos.

El egarense Carles Viver Pi-Sunyer arrastra un trauma que ha acabado haciendo pagar al conjunto de la población catalana. Él fue magistrado del Tribunal Constitucional (TC) entre el 1992 y el 2001 y vicepresidente de esta institución (1998-2001). Fichado por el primer tripartito de Pasqual Maragall, fue el autor de la reforma del Estatuto del 2006 que en 2010 tumbó parcialmente el mismo TC.

En su infinita soberbia, Carles Viver Pi-Sunyer no digirió la sentencia de sus ex-compañeros togados y, en venganza, decidió jorobarles poniendo en marcha toda la arquitectura jurídica de la ilusoria República catalana, que él sabía de antemano que estaba condenada al fracaso. No deja de ser chocante que este catedrático de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), que tiene la Gran Cruz de Isabel la Católica y la Gran Cruz del Mérito Constitucional, sea quien ha preparado las leyes para dinamitar la Constitución.

Por eso, su declaración judicial, diciendo que era “puramente un asesor” del proceso independentista y que “hay una leyenda sobre mi trabajo que no responde a la realidad”, sea una infamia. Desde el año 2004, Carles Viver Pi-Sunyer es el cerebro que, creyéndose el catalán más inteligente y el único que podía hacer jaque mate al Estado español, ha movido los hilos de la Generalitat hasta la aplicación del artículo 155, llevándonos colectivamente a la división y al precipicio.

Pero bien que se lo cobraba, como ex-comisionado por la Transición Nacional y ex-director del Instituto de Estudios del Autogobierno: concretamente, ¡118.000 euros al año! Con todo este dineral que se ha embolsado a expensas de la buena fe de los catalanes durante los últimos 13 años debería tener, como mínimo, la decencia de asumir ante la justicia su responsabilidad. Ha jugado con todos nosotros como si fuéramos ratones de laboratorio y, en vez de ser un hombre firme y valiente, Carles Viver Pi-Sunyer ha demostrado que es un cobarde que se esconde cuando las cosas se tuercen y que no hace honor al ilustre apellido de su familia materna.

Gracias a la frivolidad y a la temeridad de este ex-magistrado del Tribunal Constitucional y catedrático de la UPF, Cataluña ha retrocedido 40 años y ha destruido su reputación internacional. Que quede constancia.
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