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CATALÁN CASTELLANO
09-01-2018
Barómetro
Sería maravilloso despertarse una mañana y descubrir que el Partido Popular ha sido una pesadilla y que en realidad nunca existió. Decidme pánfila, pero el 2018 se acaba de estrenar y por imaginar que no quede. Un buen lugar para comenzar la evaporación popular sería Barcelona y un buen momento, las próximas elecciones municipales. De hecho, el último barómetro semestral deja entrever el milagro: el partido que lidera Alberto Fernández Díaz no conseguiría representación en el consistorio barcelonés. Ya sé que los populares tienen un voto oculto y después siempre acaban dando un disgusto, pero estaría bien que el suspenso que recibe AFC –queda el último en las valoraciones con un 2,4 pelado- se reflejase por una vez en una intención de voto ínfima que hiciera imposible que repitiese como regidor cobrando más de 90.000 euros anuales.

Quien mejor ha definido al intocable presidente de los populares barceloneses –que se perpetua en el cargo desde el 2003, cuando Josep Piqué cogió las riendas del PP catalán y lo arrinconó por ser demasiado de derechas- es Xavier Trias. No sorprende mucho teniendo en cuenta que los convergentes tuneados gobernaron gracias al apoyo incondicional que les brindó el partido de Mariano Rajoy durante cuatro años nefastos para la ciudad. “Es un buen chico pero siempre chuta antes de que le llegue la pelota”, explicaba Trias para definir a un político atolondrado e incendiario, que no ha tenido nunca inconveniente en relacionar la inmigración con la delincuencia y que si pudiera, metería a ciclistas y okupas en campos de reeducación como hizo Pol Pot con la gente que llevaba gafas y sabía leer.

El día de la presentación del barómetro municipal semestral, el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, avisaba de que la intención de voto del PP que reflejaba la encuesta se tenía que coger con pinzas porque el votante popular es cobarde y nunca verbaliza su voto cuando le preguntan, quizás por discreción o vergüenza. Por suerte, todavía queda un año largo para que la tendencia a borrar a los populares del consistorio barcelonés a través de las urnas se consolide y acabe siendo una realidad. La vergonzosa situación en que se encuentra parte del anterior gobierno catalán –la mitad encarcelado en Madrid y la otra mitad escondido en Bruselas- ayuda bastante en la consecución de esta empresa y espero que el electorado no olvide los agravios sufridos estos meses en nombre de la Constitución.

La desaparición del PP del consistorio barcelonés no es la única noticia relevante del barómetro. Como en otras ediciones, se consolida la tendencia ganadora de los republicanos, que superan por muy poco a la hAda Colau en intención de voto, a pesar de que la alcaldesa continúa siendo la política mejor valorada por la ciudadanía. Sobre el supuesto sorpasso republicano en el Ayuntamiento de Barcelona, una reflexión y un aviso. La reflexión es que tanto la gestión del grupo municipal de ERC como el comportamiento histriónico de Alfred Bosch dejan mucho que desear. Aún así, el apoyo que refleja la encuesta confirma que el electorado ha dejado de votar con la cabeza y lo hace con las vísceras, y esto siempre es imprevisible. Por lo que respecta al aviso, mejor sería que Esquerra no se creyera los resultados. Se creyó que ganaría las elecciones del 21-D y, por no hacer, no hizo ni campaña y al final la cabellera de Puigdemont les ha ganado la partida.

Los resultados del barómetro son también un aviso para la hAda Colau. Su equipo va muy de sobrado, tanto en las maneras de tratar al personal como en el convencimiento que BComú volverá a ganar las elecciones del 2019 porque “Barcelona es una ciudad de izquierdas”. A estas alturas de la película, y con los desastrosos resultados de la candidatura equidistante de Xavier Domènech sobre la mesa, más le valdría a Colau dejar de creerse que es la más guapa del baile –y la única que lidera un proyecto político progresista en Barcelona- y comenzase a tomar nota del runrún crítico a su gestión que comienza a escucharse entre la gente que un día la votó con el sentido común y que ahora vota con rauxa.
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