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CATALÁN CASTELLANO
30-01-2018
Acelgas
No me imagino peor tortura que hacer comer unas acelgas hervidas a unas criaturas por mucho que vayan vestidas como las gemelas de El Resplandor y destilen repelencia. Ya pueden ser biológicas, haber sido regadas con agua bendecida por el mismo Papa para que crezcan santificadas y haberlas servido en vajilla de porcelana de Limoges y cubertería de oro con el sello real. Es una putada como una casa y todos los que hemos pasado por este trance iniciático sabemos de qué hablamos. Y si encima de tenerlas que comer sin poner cara de asco porque te están grabando, has de hacer ver que no te has quemado la lengua y que la tuya es una familia normal que a la hora de comer no se tira eructos sino que habla de Klimt y de su torturada relación con las mujeres, la putada es de dimensiones colosales.

Deben de haber repetido unas cuantas veces la escena para que parezca que son como el resto de los mortales que a mitad de mes hemos de tirar de acelgas y patatas porque el sueldo no da para más y todavía tenemos que pagar el alquiler de la barraquita. Ya sé que después en la sala de edición se hacen milagros y que de cualquier mierda puede salir una obra maestra, pero siendo unos borbones los protagonistas del cortometraje hay que reconocer el mérito del montador. Sin embargo, me gustaría saber quién ha pensado que la mejor forma de celebrar el aniversario real era hacer un vídeo comiendo verdura en lugar de un entrecot porque se merece una colleja. Después del visionado, la conclusión es que no sirve de nada tener un rey si es tan pobre que ha de comer acelgas hervidas.

El vídeo ha corrido como la pólvora por las redes sociales y la coña ha sido monumental entre los súbditos. Hace un tiempo hacer mofa del rey se castigaba con la muerte. Ahora esto ya no pasa y menos después del descrédito que acumula la monarquía española gracias a los negocios turbios de Juan Carlos con la dictadura saudita y al presunto lanzamiento de modelos por la borda del yate real. Sin embargo, no seremos un país moderno hasta que dejemos de mantener a una familia entronizada por Franco que nos cuesta un ojo de la cara. En el fondo les haremos un favor: trabajando descubrirán el valor del esfuerzo, aprenderán a hacer cuentas y si son ahorradores y se administran bien no les hará falta hacer vídeos esperpénticos ni hacer ver que comen acelgas hervidas sin sal.

Los del Polònia deben de estar encantados con la iniciativa borbónica para acercarse a sus vasallos. Yo de ellos contrataría como guionista al creador de los diálogos reales porque no tienen desperdicio. Va bien tener nuevo material para inspirarse para nuevos programas –siempre que las cuentas de TV3 lo permitan- porque las boutades de Carles Puigdemont ya no tienen ninguna gracia. Como me pasa con la monarquía española y las acelgas, es imaginarlo cruzando el paso de la Junquera escondido dentro del maletero del coche y pensar que los efectos de la intoxicación provocada por la ingesta de mejillones ya son irreversibles.

Tener un presidente mal de la cabeza no me hace ninguna gracia y creo que el pueblo catalán –gran damnificado por el interminable artículo 155- no se lo merece después de tanto sufrimiento. Tampoco me gusta ver cómo los convergentes tuneados se han radicalizado más que la propia CUP y están dispuestos a quemar Cataluña si su candidato no es finalmente coronado. No sé qué deben comer los herederos del pujolismo, pero harían bien en seguir la dieta borbónica para recuperar el sentido común perdido. Las acelgas van muy bien para eliminar toxinas, combatir el restreñimiento, reforzar el sistema inmunitario y asegurar un buen funcionamiento del sistema nervioso. Además tienen mucha vitamina A y esto es fundamental para mantener la cabellera de Puigdemont en buen estado.
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