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CATALÁN CASTELLANO
19-12-2017
Viacrucis
Ya he explicado alguna vez que debajo de mi casa está la sede de ERC de Barcelona, así que cuando salgo para ir a trabajar, el primer personaje de esta historia que me da los buenos días es María Magdalena. El enorme cartel de Marta Rovira que preside el escaparate no le hace justicia. Es lo que tienen los primeros planos, que incluso te sacan los pelos de la nariz. La Rovira, con uniforme de maestra de la sección femenina, intenta sonreír pero se queda a medias para esconder sus dientes torcidos, probablemente porque de pequeña sus padres no pensaron que tres años llevando hierros sería mejor que toda una vida de sonrisas poco fotogénicas. El lema que acompaña a la imagen de la señorita Coliflor –La democracia siempre gana- resume lo que ha sido la campaña republicana: mucho verso de mal poeta y ninguna propuesta programática nueva.

Mi particular viacrucis al trabajo no tiene doce estaciones como el caso del Dios de los cristianos. Sólo tiene cuatro, pero el trayecto está lleno de trampas y mi equidistancia es tentada constantemente. En la parada de Monumental, justo después del acceso de entrada al metro, me recibe el señor García con su lema España es la solución que me provoca urticaria. Por suerte, el bigotito hitleriano que alguien le ha dibujado con un rotulador negro me arranca la primera sonrisa. Es de agradecer a los responsables de la campaña popular que hayan optado por abrir el foco para ahorrarnos la visión de un cara llena de cráteres de acné juvenil. O quizás es que en el PP catalán lo que menos importa es quién encabeza la candidatura: podrían haber puesto a la momia de Nefertiti y tampoco habría pasado nada.

Cuando cambio de línea de metro me espera la sonriente Inés Arrimadas con un gran corazón muerto en la mano y una frase –Cataluña es mi tierra, España mi país y Europa nuestro futuro- tan larga que antes de llegar a la palabra España, ya he dejado atrás a la señorita zanahoria y a sus dientes perfectamente blancos y alineados. Los de Ciudadanos se habrían quedado con el personal si la parte referida a Europa la hubiesen escrito en esperanto. No lo entendería nadie, comenzando por todos aquellos que votarán naranja, pero es igual. Si alguna cosa ha caracterizado esta indigerible campaña que hoy acaba es la cantidad de animaladas que se han dicho sin que nadie haya puesto el grito en el cielo ante tanta estulticia. De haberse inventado, el idiotómetro electoral del 21-D habría registrado records históricos.

Llegando a Jaume I me encuentro con un enorme Miquel Iceta. Desde cerca el candidato socialista presenta una frente bastante voluminosa, lo que demuestra que tiene mucho cerebro y poco cabello. Con otro rotulador alguien le ha pintado un 155 bien grande justo por encima de las cejas que no le favorece nada. El lema ¡Soluciones ahora, Iceta! me descoloca porque suena como si llamases al camarero para que te trajera la cuenta. Supongo que conscientes de los equívocos que el lema escogido comporta, el equipo de campaña del PSC complementa en las redes sociales los 155 atributos de Iceta: catalanista, progresista, de izquierdas, socialista, negociador, pactista, conciliador, tolerante, honesto, trabajador, inteligente y buena persona para empezar. Una vez leída toda la lista de virtudes deduzco que quien la ha redactado es familia directa del candidato. La evidencia que me lo confirma es que se ha olvidado de nombrar sus dotes de bailarín y lo entiendo.

El viacrucis que empezó hace quince días acaba en la puerta de mi trabajo con dos carteles calcados: el de Carles Puigdemont y el de Xavier Domènech. La similitud de las dos campañas primero me despista, pero el desconcierto dura poco porque el exceso de propuestas del candidato de los Comunes corrige la inexistencia absoluta de programa del Moisés catalán y vuelve el equilibrio. Superado el ataque de mala conciencia que me provoca haber confundido a nuestro guía espiritual con un sabelotodo universitario, me reincorporo al grupo de indecisos que no sabe si votar este 21-D tapándose la nariz o hacer ver que ha votado para ahorrarse una hora de trabajo. Al único que no encuentro en mi ruta es al candidato de los cuperos, cosa que es de agradecer porque llego al calvario bastante perjudicada.
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