ElTriangle.eu - Diario digital de información, análisis y opinión

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CATALÁN CASTELLANO
12-09-2017
Ahora comienza el mambo
Cuánta razón tienen los cupaires cuando dicen que ahora comienza el mambo. El escacharrado proceso descansa estrellado en el fondo de un barranco y las disputas entre el personal van que vuelan sin descartar que al final la sangre acabe llegando al río. Quedan tres semanas de histeria colectiva y ahora ya no hay medias tintas que valgan: o estás conmigo o estás contra mí. La equidistancia ha pasado a la historia. Como también la Diada, que ahora sólo es de los independentistas, el sentido común, el respeto a la discrepancia, los indecisos, la resolución de los conflictos políticos con el diálogo y la libertad de expresión. Ante tanta ley y desorden, opto por contemplar este follón monumental desde una distancia prudencial preparada para sobrevivir a tanto destrozo.

Si una cosa buena ha tenido la defunción del proceso es que está obligando a todos a quitarse la careta. Durante estos años ir de procesista no sólo ha sido cool, sino que ha abierto muchas puertas a la hora de buscar trabajo en algunos ámbitos selectos y ha dado oxígeno a partidos moribundos por la podredumbre que provoca tantos años en el poder. Recuerdo como si fuera ayer al destronado Artur Mas comparando el soberanismo catalán con la gesta de Gandhi y a un Carles Puigdemont a punto de levitar leyendo unos discursos tan power to the people que parecía el alter ego del clérigo King pero desteñido y melenudo. Pero ya hemos visto que todo ha sido una comedia. Ahora por fin se ha despejado la incógnita y comenzamos a ver quién iba de farol y quién no.

Uno de los sectores que más ha puesto a prueba el proceso es el de la prensa. El ejemplo del diario Ara ha dejado a más de un patriota descolocado porque una cosa es pontificar sobre la autodeterminación de los Països Catalans y otra es tener que hacer frente a una multa millonaria por conculcar la legalidad vigente –aunque sea la española- que te obligue a cerrar el chiringuito. El rotativo barcelonés se ha negado a publicar el anuncio que llama a votar el próximo 1-O y lo ha justificado con un argumento que confirma que la defensa de la patria se acaba cuando nos tocan la cartera. En respuesta a las airadas críticas que han aparecido en las redes sociales, el diario ha asegurado que “no hará nada que ponga en peligro la continuidad del proyecto” porque “proteger el diario, es decir, la información y la opinión, pasa por delante de la publicidad”. Allá ellos.

El caso del Ara vuelve a poner en evidencia la fragilidad de los medios de comunicación en este país, fuertemente dependientes del dinero público para subsistir. Si te niegas a publicar el anuncio institucional puedes sufrir represalias políticas en forma de retirada o recorte de las subvenciones de cara al año que viene y si te tiras a la piscina y lo publicas, la multa puede provocar el cierre de la publicación y el embargo de los bienes de media redacción. Total, que sea cual sea la decisión, pringas. Sobre el diario Ara, estamos hablando de más de 550.000 euros de ayudas públicas este 2017, una cantidad que sale de nuestros bolsillos –lo digo para recordar a sus compradores que lo pagan dos veces- y que confirma que el periodismo catalán –como el español- existe gracias a la respiración asistida.

Pero igual pasa que al día siguiente del 1-O, cuando todas nuestras pesadillas en forma de invasiones militares, multas astronómicas y detenciones de patriotas se hagan realidad, de la polémica generada por la negativa del diario Ara nadie se acordará. Quizás estaremos tan ocupadas desviando fondos públicos para pagar fianzas de políticos, destruyendo las urnas y las impresoras donde hemos imprimido las papeletas como nos dijo el sinuoso Turull para eliminar pruebas y haciendo las maletas para huir a Perpiñán que ya habremos olvidado las pequeñas traiciones cotidianas. Quizás seremos todas carne de psiquiátrico porque tanta costillada afecta a la salud o quizás nos despertaremos al ritmo de un mambo en un mundo nuevo sin desigualdades, ni corrupción, ni ejército.
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