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CATALÁN CASTELLANO
J. Bruc 12-07-2017
El gobierno quiere que el Camp Nou sea un centro electoral del 1-O
La solicitud forma parte de la campaña de acoso contra la junta de Bartomeu
Joan Laporta se ha puesto de nuevo en marcha para intentar recuperar el mando del club y utilizarlo a favor de las fuerzas independentistas.
La campaña de TV3 contra la junta directiva del FC Barcelona se sitúa en el marco del desesperado intento de las fuerzas laportistas, cruyffistas y guardiolistas para tomar el club, al asalto si hace falta y estratégicamente a tiempo de utilizar el Barça a favor del independentismo en el referéndum del próximo 1 de octubre. El propósito también es, por encima de cualquier motivación política, ganarse el favor del futuro gobierno o Estado catalán con la única finalidad de volver a exprimir el club como hicieron entre el 2003 y el 2010.

El actual gobierno de Carles Puigdemont, amigo personal de Joan Laporta, no solo valida el uso sectario e interesado de la televisión pública, también planea utilizar la tensión generada por la celebración del referéndum para estrechar el cerco contra Josep Maria Bartomeu y su junta. La jugada consiste en solicitar al FC Barcelona la cesión de sus instalaciones para ubicar uno de los principales centros de votación el 1-O, es decir, poner la junta en una tesitura institucional de riesgo extremo.

Si la reacción de los poderes del Estado ha sido ensañarse contra el Barça y contra Sandro Rosell por gestos como acoger el Concierto por la Libertad y dejar pasar la Vía Catalana por el Camp Nou, además de su pública adhesión a las plataformas por el Derecho a Decidir y a favor del referéndum, el paso de prestar el estadio para celebrarlo comportaría a buen seguro consecuencias sociales y deportivas catastróficas.

El gobierno, a cambio de sacrificar la estabilidad, y quien sabe si el futuro del club, obtendría la atención internacional que de otra manera es incapaz de atraer.

A nivel del Estado español, donde el Barça cuenta con 15 millones de aficionados, la dimensión del conflicto se traduciría en un infierno para estos seguidores y prácticamente en la politización de cada partido de Liga del Barça, cosa que no acabarían entendiendo las estrellas como Messi, Neymar o Suárez y otros jugadores. La decisión, sea cual sea la respuesta a esta invitación perversa y malintencionada, no satisfará a determinados colectivos, pero sobre todo se convertirá en el juguete preferido de la oposición laportista si Josep Maria Bartomeu no ha respondido afirmativamente al cabo de cinco minutos.

TV3 tiene su artillería preparada para cuando llegue el momento para rematar la actual operación periodística emprendida contra Bartomeu, una acción que tiene nombres y apellidos: el del director de TV3, Vicent Sanchis, y el del periodista Xavi Torres, los dos destacados luchadores en este bando azulgrana del saqueo y la manipulación, tan sediento de negocios y de poder.

El objetivo es desgastar al presidente Josep Maria Bartomeu durante estos meses de verano y, si todo va como está planeado, provocar una ruptura interna que dé paso a unas elecciones. No importa el medio ni se descarta un voto de censura que, en cualquier caso, nunca sería el resultado del pusilánime, frágil y anticipadamente derrotado intento de Agustí Benedito. En realidad esperan que la táctica de acoso y derribo mutile totalmente o parcialmente una junta cada vez menos homogénea y sin grandes directivos de primera línea. Creen en la desnutrición misma de la directiva como el corrosivo ideal.

Vicent Sanchis, que fue el último director de Barça TV antes del hundimiento del laportismo en 2010, está obligado a devolver a su presidente la extraordinaria generosidad con la cual se recompensaron sus servicios y quien sabe si asegurarse un regreso en el paraíso del Camp Nou si la jugada les sale bien. Laporta se siente favorecido por un gesto de complicidad del destino gracias a una temporada sin brillantez, la confusión final de la acción de responsabilidad y el nombramiento de Sanchis, uno de sus periodistas de cámara. Se ve capaz de recuperarse de su fracaso político y del revés electoral del 2015 y posterior olvido gracias a su amistad con Carles Puigdemont.

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