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CATALÁN CASTELLANO
28-04-2017
Mondo cane II
Mondo cane (Perro mundo) es una película documental realizada en 1962 por los cineastas italianos Paolo Cavara, Gualtiero Jacopetti y Franco Prosperi. Cuando se estrenó, levantó revuelo entre un público aún no habituado a las imágenes de muerte y desvergüenza. A la luz de lo que vemos hoy en día parece una inocentada.

Los realizadores de Monde Cane recorrieron medio planeta para rodar extrañas prácticas, grotescas y violentas (indígenas que son perseguidos por féminas en celo en Nueva Guinea, asiáticos que se alimentan de perros y de serpientes, alemanes que se rebanan la garganta en Hamburgo, centros de purificación para japoneses borrachos….) con el único objetivo de cabrear y escandalizar. Y lo lograron, no tanto por desvelar anecdóticas truculencias como por traducirlas a imágenes. 55 años después, la naturaleza y el alcance de las perrerías es tal que nos impide percibirlas en toda su magnitud, aunque sea en imágenes.

¿Cómo interpretar, si no, las políticas de Trump, Orban, Duterte, etc. etc. etc., basadas en la idea de que unas personas son menos humanas que otras? Muchos gobiernos, recuerda Amnistía Internacional, hacen la vista gorda ante crímenes de guerra (o los organizan), impulsan acuerdos que menoscababan el derecho a solicitar asilo, aprueban leyes que violan la libertad de expresión, incitan a asesinar a personas por consumir drogas o ser pobres, justifican y amparan la tortura y la vigilancia masiva, amplían los poderes policiales draconianos…

21 millones de personas, la mayoría mujeres y menores, están esclavizadas en 106 países, mediante la trata, el tráfico de personas, el trabajo forzado, la servidumbre por deuda y otras formas aún más aberrantes, como las personas obligadas a mendigar, contraer matrimonio por conveniencia, defraudar por beneficios sociales, producir pornografía o aceptar la extracción de órganos vitales. Se calcula, piadosamente, que el mercado de la explotación sexual genera más de 100.000 millones de dólares anuales; el de la mano de obra esclava en la construcción, minería y manufactura 34.000 millones; en el de la agricultura y pesca, 8.000 millones y cerca de 10.000 millones se ahorran cada año los particulares que contratan empleadas domésticas en régimen de trabajo forzado. La explotación sexual tiene una rentabilidad de entre el 100 y el 1.000%. Un trabajador esclavo puede producir más del 50% de ganancia aún en los mercados menos rentables, como el trabajo agrícola en la India.

En Filipinas, la policía fabrica pruebas, recluta asesinos a sueldo, desvalija a las víctimas y escribe falsos informes de incidentes, mata y paga por matar a miles de presuntos traficantes de droga que, en realidad, son gente pobre y sin defensas. Desde que Rodrigo Duterte accedió a la presidencia de Filipinas, más de 10.000 personas han sido liquidadas, con el pretexto de limpiar de delincuentes las calles del país. La dimensión de esta masacre es tal que ha llegado a generar una economía informal de la muerte. Por cada “confrontación” (asesinato encubierto), cada policía recibe entre 150 y 250 euros por cabeza, en líquido y en secreto. Las funerarias pagan comisión por cada cadáver que se les envía y es habitual que la policía robe en las casas que asalta. Unos 4.000 homicidios relacionados con las drogas han sido cometidos por personas armadas “no identificadas”. Lo que se conoce como “excursión en tándem”: dos personas llegan en moto, abaten a sus víctimas y desaparecen a toda velocidad.

Miles de personas con problemas de salud mental son sometidas en Indonesia a la práctica del pasung, que consiste en encadenar o encerrar a los pacientes en un espacio reducido, a veces durante años. Además, sufren violencia física y sexual, tratamientos involuntarios (incluida la terapia electro-convulsiva), aislamiento, restricciones y anticoncepción forzada. Los pacientes son obligados de manera rutinaria a dormir, comer, orinar y defecar en el mismo lugar. Legalmente, todo esto está prohibido desde 1977, pero se sigue haciendo. Hay personas que se pasan su vida encadenadas, con cepos de madera o encerradas en establos de cabras, porque sus familias no saben qué hacer con ellas y las autoridades se desentienden.

Mientras tanto, Australia causa deliberadamente un terrible sufrimiento dejando a las personas refugiadas atrapadas en Nauru y la isla de Manus. La UE ha llegado a un temerario acuerdo ilegal con Turquía para enviar a las personas refugiadas de regreso a suelo turco, aunque no sea un país seguro para ellas y México y Estados Unidos continúan expulsando a personas que huyen de la violencia incontrolada de Centroamérica.

Leonardo Boff, teólogo, franciscano, filósofo, escritor, profesor y ecologista brasileño, recuerda que convivimos con 40 grandes conflictos bélicos, algunos verdaderamente amenazadores para el futuro de la especie humana. “Estamos -recalca- en una nueva carrera armamentística y lo más grave es que la potencia hegemónica, Estados Unidos, se ha transformado en un Estado terrorista (…) exteriormente invadiendo países e interiormente cazando inmigrantes ilegales y deteniendo a sospechosos, sin respetar los derechos fundamentales. Analistas cualificados hablan del peligro real de una guerra nuclear entre Rusia y Estados Unidos o entre China y Estados Unidos (…) En la raíz de este sistema de violencia está el paradigma occidental de voluntad de potencia, es decir, una forma de organizar la sociedad y la relación con la naturaleza basada en la fuerza, la violencia y el sometimiento. Ese paradigma privilegia la competencia a costa de la solidaridad. En vez de hacer de los ciudadanos socios, los hace rivales”.
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