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CATALÁN CASTELLANO
13-03-2017
Europa, un paso adelante y mil atrás
El próximo día 25 tendrá lugar en Roma una reunión del Consejo Europeo para conmemorar el sexagésimo aniversario de la aprobación del Tratado de Roma, que está en el origen de la Unión Europea. Ese día está convocada en la capital italiana una manifestación para reclamar la construcción de una Europa federal, de un gobierno europeo con un presupuesto potente, con políticas comunes fiscales, sociales, de inmigración y asilo, que garanticen una vida digna a todos los ciudadanos.

La Unión Europea camina en dirección contraria desde hace años. Está empeñada en ser una simple suma de estados y ve normal que los gobernantes se preocupen sólo de obtener privilegios para su país de la participación en este club, en vez de compartir un proyecto que beneficie al conjunto de los europeos.

De esta aceptación del acercamiento a Europa desde la óptica de los intereses nacionales ha salido el engorde del nacionalismo y las políticas egoístas de imposición de la austeridad en determinados países y de rechazo de los cientos de miles de personas que llegan en búsqueda de acogida y asilo.

La propuesta de construir una Europa a dos velocidades supone la muerte de los Estados Unidos de Europa, que muchos han intuido o reclaman desde planteamientos fraternales. O alejarlos más de lo que ya los avistábamos ahora. ¿Qué debemos compartir alemanes, franceses, italianos y españoles que no podamos hacerlo con griegos o polacos? Tal vez a Angela Merkel le va bien poner sobre la mesa una Europa a dos velocidades para recuperar al electorado alemán que ha perdido desde que se animó a abrir el país a todos los refugiados que llegaran. Pero el conjunto de Europa necesita una propuesta de futuro con menos fronteras y divisiones.

Parcelar Europa satisfará los intereses de los nacionalistas y los xenófobos de todos lados pero dilapidará la esperanza en una Unión Europea federal donde el problema del paro o la pobreza no sea de unos países u otros sino de todos juntos.

Sólo hay una buena noticia en Europa en los últimos tiempos. Va ligada a la continuidad de Donald Tusk como presidente del Consejo Europeo. Y no lo es porque Tusk sea un dirigente progresista que se oponga a la política económica injusta europea de los últimos años. No lo es. Pero es polaco y que la Unión Europea lo haya confirmado como presidente del Consejo Europeo pese a que el gobierno de Polonia estaba en contra es el ejemplo de la Europa federal que hay que potenciar.

Sin embargo, tal y como están las cosas, da la sensación de que es una flor que no hará verano.

Nada del resto de lo que está pasando permite ser demasiado optimista con los resultados de la cumbre del próximo día 25 en Roma.
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