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CATALÁN CASTELLANO
01-02-2017
El rey (emérito) va desnudo, es promiscuo y pagamos todos
Como en su día el niño del cuento de Hans Christian Andersen "El traje nuevo del emperador", pero en pleno siglo XXI, alguien ha gritado "¡el rey va desnudo!". Y todos, que ya lo sabíamos, nos hemos dado cuenta de que sí, que va, que hace tiempo que va, y que nada hace pensar que nunca se tape. También sabíamos, pero ahora lo hemos gritado a los cuatro vientos, que el rey emérito de España, Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, con más nombres que vergüenza, es promiscuo, y quien sabe si también putero. Por otra parte, también sabíamos, o al menos intuíamos, que las fiestas las pagábamos entre todos. Y es aquí, en este aspecto que trasciende el ámbito privado al público, donde nos quejamos.

Desde que el primer niño señalara la desnudez del rey y cayera la venda de los ojos de la ciudadanía, el anterior jefe de Estado ha pasado de ser un monarca campechano y simpático al más absoluto déspota, y lo ha hecho en un tiempo récord. Lejos queda el recuerdo del valiente reyezuelo que salvó la democracia de las garras dictatoriales (23F); seguramente, algún día también caerán las vendas de aquella pretendida heroicidad. El próximo paso, lógico, debería ser que el monarca emérito empiece a rendir cuentas con la justicia, que ya fuera hora, pero...

Mientras, el rey rey, Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia, transita con más pena que gloria por el desierto de una convulsa España con la pesada mochila que su padre le dejó en herencia. Aunque la mayoría de los mortales no lo ve capaz de perpetrar los despropósitos paternos, tampoco antes nadie o pocos pensaban que el veterano monarca llegaría a los extremos que se le airean, y muchos piensan que, como ocurre con los icebergs, de la familia real española sólo hemos visto la superficie de los abusos, que siempre es menor que lo que se esconde bajo el agua. Por todo ello, ya nadie pondría la mano en el fuego por la inocencia de la criatura.

Las barbaridades del rey emérito quizás no acercan la conservadora España a la República que algunos desearían, pero poco o nada ayudan a la estabilidad que el reino necesita. Si a todo ello añadimos, por ejemplo, que después el rey Felipe VI elija a los Estados Unidos de Trump en lugar del hermano mexicano, en una de las pocas manifestaciones que se le recuerdan, tampoco acaba de ayudar a crear las complicidades que seguramente la denostada monarquía necesitaría.

¡El rey va desnudo! clamó al niño, y los aldeanos, que hasta entonces se habían mostrado encantados ante las ropas que el monarca pretendidamente lucía, estallaron a reír, conscientes de la desnudez real. Aquel risa del mítico cuento ahora se convierte en un reír por no llorar...
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