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CATALÁN CASTELLANO
Siscu Baiges 27-02-2017
Al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, le preguntaron en Catalunya Ràdio, el 12 de enero, si se reuniría algún día con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Contestó que esta reunión era "perfectamente posible", que estaban discutiendo “qué día y en qué formato" y que preveía que sería en una fecha "no muy lejana". Si hubiera mirado atrás, la fecha era tremendamente cercana: el día antes, 11 de enero, había comido con Rajoy en el Palacio de la Moncloa.

Después de un mes de elucubraciones sobre si habría una reunión entre los dos presidentes, el diario La Vanguardia desveló, el 22 de febrero, en portada, la gran mentira de Puigdemont. La portavoz del gobierno catalán, Neus Munté, se había añadido a la fiesta de las falsedades. El día anterior había afirmado que no había habido reuniones secretas entre ambos. El titular de la noticia que publicó El Periódico el 21 de febrero sobre la rueda de prensa posterior a la reunión del gobierno de la Generalitat rezaba: "Munté: No ha habido reuniones secretas". El de portada de La Vanguardia el 22 de febrero era: "Rajoy y Puigdemont se vieron en La Moncloa el 11 de enero".

Rajoy, Puigdemont y Munté mintieron. ¿Y?

Pues, nada. Que los tres siguen a lo suyo como si no hubiera pasado nada.

Rajoy también escondió la existencia de la reunión, aunque no ha tenido que disimular tanto como los dirigentes catalanes porque fuera de Cataluña no está todo el mundo pendiente del diálogo entre los dos gobiernos. Además, ya nos tiene acostumbrados a hablar a través pantallas de plasma o salir por peteneras cuando le inquieren sobre temas que le desagradan.

Una de dos: o la mentira se tolera en política o hay alguna razón de vida o muerte que la justifique. No parece que negar la existencia de una reunión de este estilo pueda justificarse en base a algún 'secreto de Estado' que se me escapa.

Tengo la sensación de que me han tomado el pelo.

Y vista la alegría y la impunidad con que se ha encajado este episodio, el descrédito de la política catalana es total.

¿Tiene sentido que los periodistas sigan haciendo preguntas al presidente de la Generalitat y a la portavoz de su gobierno si saben que son capaces de mentir y quedarse tan anchos?

Donald Trump tiene buenos discípulos en Cataluña. El siguiente paso es prohibir el acceso a las ruedas de prensa a los medios de comunicación que no son de la cuerda presidencial.
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