Al pie de la autovía A-2 (Barcelona-Lleida), a tocar del túnel de Bruc, hay una de las instalaciones más secretas de Cataluña: el vertedero de clase III de can Palà, en el municipio de Castellolí. Se trata del único depósito autorizado donde se almacenan los desechos industriales catalogados como peligrosas, con la única excepción de los residuos nucleares.

El vertedero de can Palà, a pesar de la oposición de los vecinos de la zona, se ha ido ampliando en los últimos años y, en la actualidad, ya ocupa 25 hectáreas, con una capacidad de más de 2 millones de metros cúbicos. Su explotación va a cargo del empresa Atlas Gestión Ambiental SA, formada al 50% por Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) y el grupo COMSA-EMTE.

Durante este pasado mes de agosto, los responsables del vertedero de clase III de can Palà han recibido un regalo. La secretaria de Medio Ambiente de la Generalitat, Marta Subirà, ha aprobado la modificación –considerada "no sustancial"– de la tipología de los residuos peligrosos que se pueden abocar en estas instalaciones.

La normativa europea, transpuesta a la española y a la catalana, es muy estricta y precisa a la hora de organizar el depósito de los desechos. Cada residuo, en función de su componente de peligrosidad y toxicidad, tiene asignado un código y los vertederos sólo pueden recibir una determinada gama de desechos, dependiendo de la categoría para la cual están autorizados a funcionar.

En el Diario Oficial de la Generalitat (DOGC) del pasado 9 de agosto se publicó que, a partir de ahora, en can Palà también se pueden abocar residuos con los códigos 030399, 040199, 050799, 070399, 070599 y 190999. Las tres primeras cifras hacen referencia al origen de los desechos tóxicos: de la industria papelera (030), de cuero, piel y textil (040), de refinerías de petróleo, gas y carbón (050), de química orgánica (070) y de las depuradoras (190).

En esta resolución del DOGC, lo más significativo son las dos últimas cifras que hay al final de los nuevos códigos aprobados: 99. Esto quiere decir, literalmente, "residuos no especificados en la normativa". Es decir, desde ahora, en can Palà se puede tirar de todo...